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Los Klitschko contra el Kremlin

En Kiev, el miércoles por la mañana, mientras salía el sol en una ciudad maltratada e inquietantemente tranquila, su alcalde se puso un chaleco antibalas por encima de su chaqueta de plumas y se dirigió a inspeccionar los daños causados por otro bombardeo ruso nocturno.

Vitali Klitschko estaba fuertemente custodiado, por supuesto, pero con sus 1,80 metros y puños de piedras, un récord mundial de boxeo en el peso pesado de 45 victorias, 41 nocauts en 47 combates, es más que capaz de manejarse solo.

Durante una década, Vitali y su hermano menor, Wladimir, que ha estado siempre a su lado, más aún desde que inició la guerra, dominaron el boxeo de los pesos pesados. En un deporte repleto de hombres fuertes. Eran conocidos por ser grandes, y especialmente duros.

El miércoles, mientras se abría paso caminando entre la destrucción de las bombas, un reportero preguntó a Vitali sobre la afirmación de Vladimir Putin de que Rusia sólo bombardeaba “objetivos militares”. El alcalde detuvo su marcha.

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko (izq.), y su hermano, el ex boxeador profesional Wladimir Klitschko, caminan frente a un edificio de apartamentos destruido en Kiev. Crédito: Aris Messinis

“Put..”, espetó.. Luego se recompuso, se disculpó y señaló las ruinas de un bloque de apartamentos. “¿Dónde está el objetivo militar? ¿Este edificio es un objetivo militar?”

Titulado “Una de las mejores entrevistas de todos los tiempos”, el breve clip del momento, no tardó en hacerse viral, con más de 7,3 millones de visitas en 24 horas. En 12 segundos y muy pocas palabras, el espíritu bélico ucraniano in excelsis se hizo notar: honesto, exasperado y duro como una piedra.

Al igual que Volodymyr Zelensky, y todos sus compatriotas, los hermanos Klitschko no se dejan intimidar, nunca lo han hecho.

“Su coraje en las últimas semanas es exactamente lo que cabría esperar”, dice Sebastian Dehnhardt, cineasta alemán y amigo de los hermanos, que los siguió durante dos años para un documental de 2011, “Klitschko”.

A principios de esta semana, Wladimir, que se ha alistado en el ejército de reserva, insistió en que no tienen intención de marcharse. “No se puede romper nuestra voluntad. Esta es nuestra casa. Lucharemos”, dijo. Y Dehnhardt lo cree: “Puedo asegurar que los Klitschko no huirán, no son cobardes. Se quedarán ahí y harán de todo para acabar con esto”.

Para entender lo que los Klitschko significan para Ucrania, imagínense que alguien con la fama y el legado deportivo de Emanuel Ginobili tuviera el respeto y la seriedad del Dr. Rene Favaloro, y la capacidad física de Cassius Marcellus Clay.

Sus hazañas boxísticas, han aparecido en sellos de correos, son seguidos por sus fans allá donde van, han hecho que un asteroide (212723 Klitschko) lleve su nombre y, por ser doctores en ciencias del deporte, poseen excelentes apodos: Vitali es el “Dr. Puño de Hierro”, Wladimir es el “Dr. Martillo de Acero”. Es de esperar que Emmanuel Macron esté pensando en un sobrenombre similar mientras publicamos ésta nota.

Vitali, de 50 años, no es una simple celebridad política. Aunque siguió boxeando hasta 2013, se presentó inicialmente a la alcaldía de Kiev en 2006, antes de formar su propio partido político, la Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma (cuyas siglas se traducen como “Punch”) cuatro años después. Tras considerar una candidatura a la presidencia -una ambición que nadie cree que haya disminuido-, se convirtió en alcalde en 2014.

“Tienen un corazón político: lucharon por la Revolución Naranja en 2004, lucharon en las protestas de 2013 y 2014”, dice Dehnhardt. “Vitali lo había conseguido todo en el boxeo, pero era testarudo, e incluso en 2009 hablaba de querer cambiar las cosas”.

Wladimir, de 45 años, tiene menos mentalidad política, pero puede parecer más franco debido a que es el que habla inglés con más fluidez, y se siente más a gusto delante de una cámara. Desde que se retiró del boxeo en 2017, ha hecho algo de interpretación, ha abierto varios negocios y se ha comprometido con decenas de causas humanitarias.

Gracias por vuestro #apoyo #EEUU 🇺🇸 y #GB 🇬🇧#FreeUkraine #WeAreAllUkrainians #StandWithUkraine #StopTheWar #Kyiv #Standtogether #Ukraine #United #SupportUkraine #Support pic.twitter.com/thdhP9ioOC
- Klitschko (@Klitschko) 17 de marzo de 2022

Mientras que Vitali se casó con Natalia, una cantante ucraniana con la que tiene tres hijos, Wladimir tiene una hija con su ex prometida estadounidense, la actriz de Nashville Hayden Panettiere.

Sin embargo, a pesar de algunas diferencias, los Klitschko son unidos. “Se dice que son ‘gemelos’. No son gemelos, pero se comportan como tales. Es un vínculo increíblemente fuerte, así que no sorprende que estén juntos combatiendo”, dice Sebastian Dehnhardt. “En cierto modo, ambos son excesivamente protectores del otro”.

Como campeones de boxeo, siempre se negaron a pelear entre ellos, una decisión que puso a la división de los pesos pesados en un estado incómodo y de rictus durante varios años, cuando ostentaban los cuatro títulos principales, pero le habían prometido a su madre que nunca amenizarían un Klitschko vs Klitschko. “No lo haría, ni siquiera por mil millones de dólares”, dijo una vez Wladimir. “No puedes ponerle precio al corazón de tu madre”.

Esa madre es Nadezhda, una rusa que crió a los niños con su padre, Vladimir, un orgulloso general de la Fuerza Aérea Soviética. Nacieron en el Cáucaso y como muchos hijos de militares, se desplazaron sin cesar hacia distintos destinos juntos a su padre, viviendo en Kirguistán, Uzbekistán y la República Checa antes de Ucrania.

En 1986, cuando explotó la central nuclear de Chernóbil, Vladimir se encargó de coordinar los helicópteros que lanzaban arena directamente al reactor. Se cree que el cáncer que padeció posteriormente fue causado por la exposición en el lugar.
A pesar de que sus hijos pagaron los mejores tratamientos del mundo, murió, a los 64 años, en 2011.

Vitali y Wladimir fueron destetados con el espíritu militar soviético, dice el documentalista Sebastian Dehnhardt

“Siempre digo que son terrícolas. Pueden vivir en cualquier parte”, dice Dehnhardt sobre los hermanos Klitschko. Hablan ucraniano, ruso, alemán e inglés, y tienen propiedades en Estados Unidos. “Sin embargo, cuando miras su biografía, todo gira en torno a la tensión entre Ucrania y Rusia”.

De chicos fueron alumnos en duras academias de formación soviéticas, esencialmente internados, diseñados para producir excelentes atletas y oficiales militares. “Fueron destetados con el espíritu militar soviético. La disciplina, la competición. Sus patios de recreo eran campos de entrenamiento militar: son realmente productos del ejército soviético”.

Las fotografías de la familia a principios de los 90 muestran a dos gigantes con sus orgullosos padres. Lo que sea que les dieran de comer, funcionaba: no sólo eran altos y grandes, sino también increíblemente atléticos, capaces de acumular músculo, recibir golpes, golpear con fuerza y luchar con inteligencia.

Algunos pesos pesados sólo son capaces de ponerse en forma cuando se les exige. En el caso de los Klitschko, los entrenadores se maravillaban de su constancia. Incluso ahora, parecen listos para salir del ángulo de un ring, en plan de entrenamiento.

Al trasladarse a Hamburgo a mediados de la década de 1990, los hermanos dejaron la antigua Unión Soviética y rompieron una era de dominio transatlántico en la división de los pesos pesados. Primero llegó un oro olímpico para Wladimir en Atlanta 1996, y luego las carreras como profesionales.

Una vez que Lennox Lewis se retiró en 2004, se embolsaron todos los títulos mundiales importantes, iniciando un periodo de supremacía que duró una década. A lo largo de ese tiempo, fueron caballeros deportivos: nunca se involucraron en la teatralidad del boxeo, ni siquiera cuando fueron provocados.

Vitali (izq.) celebra con Wladimir tras ganar su combate por el Campeonato Mundial de Peso Pesado del CMB contra Derek Chisora en 2012. Crédito: Alexander Hassenstein

En 2012, el británico Derek Chisora abofeteó impetuosamente a Vitali durante el pesaje antes de un combate por el título, en un intento de quitar la supremacía por fin a un Klitschko. Cuando se produjo un tumulto, Vitali se limitó a devolverle la mirada y le dijo que lo pagaría en el ring. A pesar de tener 40 años y estar lesionado, ganó el combate.

Esa forma de actuar -honesta, moral y digna- siempre hizo que los Klitschko se ganaran el cariño de la gente de Ucrania, un país que antes estaba devastado por la corrupción. Cuando Vitali entró en política, y Wladimir se mantuvo cerca, se convirtió en una fuerza aún mayor.

En plena guerra, conocen el poder motivador de la presentación tan bien como Zelensky, otra celebridad-política. Así que hacen todo lo posible para que se les vea sobre el terreno, con su traje de faena y su chaleco antibalas, y dirigiéndose a Occidente en inglés directo. Han dicho que están dispuestos a morir por su país, y Dehnhardt no lo duda, por mucho que estén en la lista de objetivos de Putin.

“Nunca los ‘capturarán’, es una cuestión de vida o muerte, creo. Espero que alguien [los evacuen] con Zelensky, que es el verdadero campeón de los pesos pesados, pero no sucederá. Los combates en Kiev determinarán el resultado, y los Klitschko se quedarán”, afirma.

Hay una anécdota de la infancia que Nadezhda recuerda en la película de Dehnhardt y que se resume asi: Un día, una madre y su hijo, compañero de la escuela de los niños, se presentaron en la puerta de la casa de familia. La madre explicó que su hijo tenía la nariz rota gracias a Vitali.

“Tiró mi gorra a un charco después de que yo le advirtiera que no lo hiciera”, explicó Vitali. “Cuando lo volvió a hacer, le di un puñetazo”.

Todo ha llevado a este momento, piensa Dehnhardt. “Una cosa que recuerdo que dijo Wladimir es: ‘No se trata solo de la potencia, para convertirse en un gran boxeador, porque a la potencia siempre la detiene la velocidad y la acción de anticipar’. Ves, esas deben ser las tácticas contra Putin, ¿no?”.

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